Un futuro luminoso es posible

Nuevos testimonios desde Níger, a través del misionero aragonés Rafael Marco.

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Queridos amigos y familia,

Ya estoy de regreso de mi viaje a Niger donde me encontré con los responsables de nuestros niños ciegos de Dosso y Gaya con los que estuvimos viendo y analizando todo el trabajo que se está haciendo en los dos centros y tuve la alegría de pasar todo un día con un grupo de niños que vinieron a verme a Niamey, un día extraordinario de recuerdos, proyectos y amistad.

Niger está viviendo una situación política y social difícil. Yo no he podido salir de la capital por cuestiones de seguridad. No me han dejado. Pero hemos tenido la ocasión de volvernos a ver para repasar juntos la evolución de nuestros proyectos y estudiar otros de futuro como el de crear un centro oftalmológico en Dosso para una atención sanitaria más minuciosa de estos niños o la de ofrecer a Joliane, que acaba de hacer tres años de oftalmología en la Universidad de Niamey, la posibilidad de completar sus estudios en España para una mayor eficacia en nuestro trabajo.

Vengo muy contento con el trabajo que se está haciendo y el desarrollo de nuestro plan educativo que no tiene parangón allí.

El desarrollo de nuestro encuentro os lo iré contando más detenidamente la próxima vez. En esta ocasión os envío el testimonio que os quería presentar hace ya algún tiempo de la reacción de dos padres de niños invidentes que nos cuentan sus propias experiencias, muy dignas de tener en cuenta.

Un abrazo fuerte,

                                                              Rafael

«Lo escondíamos en su habitación… Hoy construye su futuro.»
Papa de Abdoulaye, alumno ciego de la escuela inclusiva Katan Guiwa.

Me enteré del milagro de Kaari yan ma duumi por la radio. No tenía ni idea de que hubiera gente dedicada a una causa así, ni siquiera de que aquí pudiera existir una escuela para niños ciegos.

Desde que mi hijo perdió la vista, había estado encerrado en casa. Su situación era un dolor insoportable. Los médicos me habían dicho que podía ir a la escuela, pero me negué a creerlo. Su madre lloraba sin parar y lo escondía en la habitación.

El programa de radio fue una descarga eléctrica para mí y quise enterarme con detalle. Lo que lo cambió todo fue mi encuentro con el responsable de Kaari Yan Maa Duumi: un hombre ciego, ¡y a la vez profesor!. Ver a todos esos niños ciegos rebosantes de alegría, me impactó profundamente.

Hoy, mi corazón estalla de felicidad al ver a mi pequeño empuñar su punzón en esta pequeña pizarra que él llama orgulloso su «tableta». ¡Escribe con una alegría contagiosa! En casa, bromea y juega con sus hermanos como si nada hubiera pasado.

Me habéis abierto los ojos: mi hijo merece vivir, no sobrevivir en la sombra. ¡Dios os bendiga!.

«Pensé que la muerte sería mejor para ella.
¡Hoy es ella quien me deslumbra con su luz!
» Papa de Charifa Moumouni, alumna ciega en Dosso.

Sin vosotros, seguiríamos perdidos en la oscuridad. Vuestra sensibilización nos ha sacado de la ignorancia total.

Cuando nació Charifa, estaba convencido de que no tenía futuro. Como creyente, me avergüenza admitirlo, pero a veces pensé que la muerte sería una liberación para ella. Un bebé condenado a no hacer nada, incapaz de valerse por sí misma sin ayuda… ¿Qué sería de ella? ¿Quién querría casarse con una chica ciega? Si la vida ya es tan dura para nosotros, ¿qué infierno le esperaba?

Pero durante seis años ha estado a vuestro lado y ocurrió el milagro. Hoy está en CM1. Lee, escribe, se mueve sola e incluso pide cocinar. Me equivoqué tanto al condenarla. Me asombra la fuerza de esta niña. Es un verdadero milagro de Alá.

Lo que más me duele, más allá de vuestras acciones, es la fe inquebrantable que tenéis en nuestros hijos, donde nosotros, sus propios padres, habíamos renunciado. Cuando vuelve del centro, solo habla de Dieudonné, Franck, Sakina, Ousseini… Ella irradia felicidad.

Hoy, cuando miro a Charifa, la vergüenza ha dado paso a un inmenso orgullo. Todo lo que hace Dios es correcto.

Gracias, Kaari Yan Maa Duumi, por devolvernos nuestra dignidad.

Estos testimonios conmovedores son pruebas vivas y emocionantes de que un futuro es posible para estos niños ciegos