Un reto

Testimonio de Dieudonné desde Níger, a través de Rafael Marco

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Queridos amigos y familiares,

Dieudonné es un responsable, encargado de las finanzas, de nuestro proyecto con los niños ciegos de Gaya y Dosso (Niger) que nos envía este relato sobre su trabajo con ellos que me parece muy significativo y que creo que merece la pena que conozcáis.

En él nos habla de su experiencia con sus dificultades, sus dudas e incertidumbre, pero sobre todo la energía que recibe de la reacción de estos niños ante su dedicación, su afecto y cariño que les muestra y el plan de formación que les brinda hasta reconocer un día, ante mi sorpresa y alegría, que esa era su vocación y que estaba dispuesto a dejar todo para dedicarse a ellos.

Es la experiencia por la que hemos pasado todos de alguna manera: observar la transformación que viven estos niños que, desde la marginación, el temor y la soledad en que se encierran, despertar a la comunicación y descubrir sus inmensas posibilidades de aprender, moverse con autonomía, estudiar el Braille, poder leer, escribir o manejar un ordenador… es un verdadero renacer que lo muestran con una inmensa felicidad.

Aquí se hace realidad esa expresión que oímos algunas veces: “recibimos más que damos”.

Creo que el testimonio de Dieudonné nos ayudará a comprender mejor la razón de ser de nuestro proyecto y el deseo que nos anima de llevarlo a su plenitud.

Os saluda fraternalmente,

                                                        Rafael

Un reto: que la luz brille en estos niños ciegos

En el silencio de esta noche, cuando digo estas palabras, mi mente viaja a través de recuerdos, rostros y kilómetros.

A vosotros, amigos de aquí y de otros lugares. A vosotros que nos seguisteis de todas partes, que veláis por nuestra luz y animáis nuestros cansancios. Vosotros, que celebráis con nosotros cuando un niño se desplaza hacia la luz, recibid mi más profunda gratitud. Desde las calles de Gaya hasta las puertas de Dosso, cada paso que damos lleva la huella de vuestro apoyo.

A quienes ofrecéis vuestra ayuda —ya sea económica, material o moral— quiero daros las gracias. Vuestra colaboración que cruza miles de kilómetros y océanos y se transforma aquí en verdaderos milagros diarios: comidas calientes, transporte seguro, atención sanitaria que salva vidas y, lo más importante, acceso a una educación inclusiva. A menudo me maravilla este misterio: ¿cómo puede la bondad humana conectar los corazones de donantes lejanos con la vida de niños que quizá nunca conozcan?

Un génesis, una vocación

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El origen de esta aventura, muchos de vosotros lo sabéis. Hoy en día llevamos siete años luchando por estos niños ciegos.

En Gaya, esta chispa se llamó CIES (Centre d’Initiative et d’Entraide Sociale). En Dosso, adoptó el nombre de Zankey Handuriya (La Estrella de los Niños). Hoy brilla bajo el nombre de Union Kaari Yan Maa Duumi: «Brille la Luz». Puede que los nombres hayan cambiado, pero nuestra brújula interior se ha mantenido intacta. Nuestra misión es inequívoca: garantizar la integración social de estos niños, erradicar la lacra de la mendicidad, promover una educación verdaderamente inclusiva y romper, de una vez por todas, las cadenas del estigma relacionadas con la discapacidad.

El desafío humano: Cuando la misión va más allá de los hombres

¿Podemos decir hoy que estamos avanzando hacia el éxito? Si es así, este éxito sabe a sudor, noches sin dormir y cuestionamientos. El camino ha estado plagado de trampas y dificultades.

Esta noche quiero destacar a este grupo de mujeres y hombres que están trabajando en el proyecto. Un equipo que va a enfrentarse a lo indescriptible: familias enteras sumidas en la angustia, desorientadas ante un niño ciego como un castigo divino. Niños que estaban escondidos, condenados a mendigar por las calles, a quienes devolvemos un lugar, una mesa de colegio y el derecho a soñar con un mañana brillante.

Pero no todo ha sido color de rosa. La humanidad de un grupo también reside en sus defectos. A pesar de nuestro objetivo común, hemos tenido que enfrentarnos al desafío de nuestras propias diferencias: visiones opuestas, la necesidad de reconocimiento, a veces incluso el ego. Aquí es donde reside la verdadera grandeza de nuestro equipo. Entendíamos que las rosas tienen espinas, pero que nuestra misión era infinitamente mayor que nuestros desacuerdos. En este grupo aprendí, dudé, me cuestioné a mí mismo para finalmente dar todo lo que tenía.

La sonrisa que borra los límites

Siempre que amenazaba el desánimo o la fricción, un destello de esperanza nos recordaba lo esencial. Nuestras luchas internas desaparecen instantáneamente ante los rostros de nuestros niños.

Hay que experimentarlo para entenderlo. Ver a un niño que antes se retraía, atemorizado por el mundo exterior, que te da la bienvenida hoy con una sonrisa radiante y una alegría contagiosa. Escucharlos hablar de su futuro con una confianza y seguridad inquebrantables… Ahora todo es posible. Sus dedos que descifran el Braille se han convertido en sus ojos y sus mentes ya no tienen fronteras.

Hoy, desde Gaya hasta Dosso, la esperanza ha vuelto a echar raíces. Las familias desesperadas de ayer se han convertido en nuestras mejores embajadoras, y las autoridades estatales nos están abriendo sus puertas para saludar el impacto de nuestro trabajo.

Nuestros planes de futuro son inmensos, porque nos negamos a detenernos ahí. Queremos anclar este impacto para las generaciones venideras. Porque cuando la ambición se mezcla con una verdadera vocación, lo imposible retrocede. Nuestro mayor éxito no se mide en números, sino en vidas transformadas, dignidad restaurada y luces reavivadas por el poder de la educación y el cariño. El reto continúa. Y contigo, estamos listos para asumirlo.

Nota: Carta recibida el 5 de julio.